“Les deseo algo más valioso que el éxito”

En su discurso de graduación, la rectora del Gimnasio La Montaña, María Mercedes de Brigard, invitó a la Promoción 2026 a reflexionar sobre la clase de personas que desean ser y sobre las virtudes que verdaderamente dejan huella en el mundo.

Queridos bachilleres de la promoción 2026, queridos papás y mamás, queridos profesores, profesoras y demás colaboradores, estimados amigos:

Hoy nos reunimos para celebrar uno de los logros que casi todas las sociedades reconocen como un hito en la vida de cada uno de sus miembros: su graduación de bachilleres. Después de trece años de aprendizaje, de haber construido amistades que son más bien hermandades, de esfuerzos, triunfos, alegrías, pero también dificultades, fracasos, lágrimas, llegan a esta cima que es una de las tantas que habrán de coronar en sus vidas.

A diferencia de los grados universitarios donde la invitación es a unos profesionales que ingresan al mundo laboral, el paso que sigue para quienes culminan su vida escolar es seguir estudiando. En aproximadamente un mes, unos más otros menos, ustedes estarán recorriendo las aulas y pasillos de sus universidades que serán ahora su nueva casa. Estarán viviendo la que es, para mi gusto, una de las etapas más apasionantes de la vida. Concentrados académicamente, ahora, en sus campos de interés. Lo que tenían que recibir de educación general básica para ser ciudadanos alfabetizados a un nivel decente, ya se hizo. Los próximos 5 años estarán inmersos en un mundo de libertad y responsabilidad para el que tanto sus padres como nosotros esperamos haberlos preparado.

La vida escolar ha sido una época bastante protegida, tanto por nosotros como por sus familias. Aquí tuvieron horarios, profesores que los guiaron, familias que los acompañaron y una comunidad que les ayudó a distinguir entre lo correcto y lo incorrecto. Así mismo, donde la posibilidad de equivocarse siempre fue muy segura porque al final de los errores, después de un consejo de convivencia o de un fracaso amoroso o de una matrícula condicional o de un curso remedial de responsabilidad, siempre los recibían los brazos amorosos de sus padres y la convicción del GLM acerca de las segundas oportunidades.   A partir de ahora, la vida les irá entregando una libertad cada vez mayor, pero se las cobrará en responsabilidad y consecuencias reales. Y cada día más, los muros de contención serán sus propios límites éticos.

Yo hoy quiero invitarlos a que se pregunten qué harán con esa libertad y cuáles son los límites que ustedes, voluntariamente, se impondrán. A lo kantiano: cuáles van a ser sus imperativos categóricos.

Voy a hacer una pausa para contarles una afición un poco inútil que tengo hace años: oír los discursos de las ceremonias de grado de algunas universidades norteamericanas. Ahí hay de todo. Cómicos, obispos, militares, empresarios, académicos. Es una curiosidad interesante.

Hay tres que han sido reveladores para mí y hoy se los quiero contar:

  1. El almirante William Mc Raven en la ceremonia de la universidad de Texas el 2014.
  2. Bill Gates en la universidad de Harvard en la ceremonia de 2007.
  3. Jeff Bezzos en la Universidad de Princeton en los grados de 2010.

En el primero, el almirante Mc. Raven pasa por una idea sencilla, pero contundente. Tiende tu cama y tiéndela bien; y si al final del día ves que te salieron mal algunas cosas te quedará la satisfacción de que una de las cosas pequeñas que hiciste te salió bien: tender tu cama. Hay que hacer bien aún las cosas más pequeñas. Ejemplo del papel en el piso.

Bill Gates, en 2007, dio un discurso esplendoroso cuya idea central y reiterada fue: reducir la inequidad es lo más importante que ustedes pueden hacer. Si cada graduando de Harvard de 2007 está aplicado en esa tarea, la humanidad está mejor.

Jeff Bezzos, por su parte, contó esta breve anécdota: siendo niño solía pasar mucho tiempo con sus abuelos a quienes adoraba. En un viaje en carro, su abuela iba fumando y él había leído acerca de los minutos de vida que le restaba a un ser humano cada fumada. Además, le irritaba el olor del cigarrillo. Haciendo alarde de su inteligencia y esperando recibir aplausos, le dijo desde el asiento de atrás. “Abuela, con lo que estás fumando has acortado tu vida nueve años.”  Contra lo que él esperaba, su abuela estalló en llanto. Su abuelo orilló y detuvo el carro, lo bajó y le dijo calmadamente: Jeff, algún día vas a entender que es más difícil ser amable que ser inteligente”. Con esta anécdota, el fundador de Amazon quería introducir el mensaje central de sus palabras: hay características de las personas que son “regalos”, como ser fuerte, inteligente, hábil. Otras que son elecciones: ser amable, ser honesto, ser bondadoso. Gran lección.

Yo, que no tengo las credenciales de ninguno de los anteriores, hoy quisiera dejarles un sencillo mensaje:

Lo que verdaderamente importa es la clase de persona que, en este momento que es un hito en sus vidas, ustedes decidan ser. Y no me refiero a la calidad de profesional, doy por descontado que cada uno será brillante en su carrera.

Me refiero a esas características que Aristóteles llamó virtudes. Y Kant, imperativos categóricos. En fin, lo que universal e indiscutiblemente podemos llamar bueno. Me refiero a decisiones existenciales, lo que quiero ver en el espejo cuando me mire. Lo que quiero que me defina frente a mí mismo. Lo que, cuando tengan mi edad y estén cerrando sus logros profesionales, permanecerá hasta la muerte como parte de su identidad.

El mundo necesita personas bondadosas. Personas humildes. Personas honradas. Personas confiables. Personas que digan la verdad. Personas que hagan bien las cosas más pequeñas, incluso cuando nadie las está observando. Personas que sepan reconocer un error, pedir perdón y reparar. Personas pródigas en el amor y en la generosidad.

Nuestra sociedad ha enaltecido algunos aspectos, quizás desproporcionadamente. La inteligencia, el conocimiento, el éxito, la belleza y lo superficial. Y no quiero plantear que estas no importen, pero su valor es temporal, el de las primeras que enuncié, no. A lo largo de la historia han existido personas extraordinariamente inteligentes que hicieron daño. Y también personas sencillas que transformaron la vida de quienes las rodeaban gracias a su bondad, su generosidad y su sentido del deber. Las personas más admirables no son necesariamente las que acumulan más éxitos profesionales. Son las que dejan una huella positiva en la vida de los demás.

Por eso, hoy, ad portas de la educación superior, yo les deseo algo más precioso que el éxito.

Les deseo virtudes.

Les deseo fortaleza para afrontar circunstancias tristes y dolorosas.

Prudencia para escoger bien, especialmente en lo moral.

Justicia para tratar a cada persona con dignidad.

Templanza para que no sean esclavos de sus impulsos.

Valentía para defender lo correcto, lo valioso y lo justo.

Humildad para seguir aprendiendo toda la vida, para admirar a los demás y para agradecer.

Bondad para iluminar las vidas de quienes los rodeen.

Ahora bien, si esto les suena, quisiera que tengan esto presente: ninguna de las anteriores se da por añadidura. Todas responden a una decisión consciente, voluntaria y deliberada. No se es bondadoso por añadidura, tal vez chévere, bacán sí, pero bondadoso, no. Hay que querer serlo, decidirlo, y hacer cosas para lograrlo.

Queridos graduandos:

El futuro que encontrarán será complejo. Habrá avances tecnológicos sorprendentes, cambios rápidos e incertidumbres que hoy ni siquiera imaginamos.

Pero algunas realidades permanecerán.

La amistad seguirá siendo valiosa. La familia seguirá siendo un ancla. La compasión seguirá siendo la característica humana por excelencia. Y el servicio seguirá siendo una de las formas más nobles de vivir. Así que, cuando dentro de muchos años miren hacia atrás, ojalá puedan decir no solamente: “Me fue bien,” sino “dejé el mundo un poco mejor de como lo encontré.

Ese será su verdadero éxito.

Y será también el mejor homenaje que podrán hacer a sus familias, a sus profesores y a este colegio que hoy los despide con gratitud y esperanza.

Que Nuestro Señor y la Virgen los acompañen en lo que sigue y a lo largo de todas sus vidas.

Felicitaciones, promoción 2026.

Bogotá, junio de 2026

Admisiones Gimnasio La Montaña

Email: admisiones@glm.edu.co 
Whatsapp: (+57) 302 215 6616

Comparte este artículo en:

Facebook
LinkedIn