25 septiembre, 2026
Crecer en el Gimnasio La Montaña también significa dejar una huella en alguien más

En el Gimnasio La Montaña creemos que la formación también ocurre cuando un estudiante descubre que puede ser un referente para otros.
Hay aprendizajes fuera del salón de clases que ocurren cuando un estudiante mayor toma de la mano a uno más pequeño, escucha su historia, comparte una risa o descubre que alguien lo mira como un referente.
En el Gimnasio La Montaña, esos encuentros tienen un nombre: Padrinos.
Un vínculo que crece con los años
Por eso, Padrinos es una tradición y un programa de formación permanente de nuestra comunidad educativa: crear vínculos cercanos, seguros y afectivos entre estudiantes de diferentes edades, mientras los valores GLM se viven en la cotidianidad.
A través de este programa, estudiantes de Bachillerato Alto acompañan a niños de Preescolar y construyen con ellos una relación cercana, afectiva y significativa. Y es justamente allí donde sucede algo especial. Cuando un estudiante de 9°, 10° u 11° se encuentra con su ahijado, aparece una versión de sí mismo especialmente generosa: quiere cuidara su ahijado, enseñarle, oírlo, hacerlo reír y compartir con él lo que sabe. Ser padrino significa comprender que las propias acciones también pueden dejar una huella en alguien más.
Los encuentros empiezan en 9.º, cuando los estudiantes conocen a sus ahijados de Kínder 4. Más adelante, 10.º y 11.º acompañan a los niños de Kínder 5 y Transición. La diferencia de edad permite que estos vínculos puedan permanecer y crecer durante varios años de vida escolar.
Pero lo que comienza como un encuentro entre dos edades pronto se convierte en algo más.

Cuando alguien pequeño nos invita a sacar lo mejor de nosotros
Hay algo especial en descubrir que nuestras palabras, nuestros gestos y nuestra manera de actuar pueden convertirse en referencia para alguien más.
Frente a sus ahijados, los estudiantes mayores encuentran una oportunidad para cuidar, escuchar, compartir y acompañar. Y, sin darse cuenta, también descubren nuevas formas de ejercer el liderazgo: desde la cercanía, la generosidad y el ejemplo.
Para los más pequeños, su padrino o madrina puede convertirse en esa persona mayor que admiran, que los hace sentir acompañados y con quien quieren compartir. Para los mayores, es la oportunidad de comprender que ser referente también implica una responsabilidad: la de dejar en otros una huella que valga la pena seguir.
Los valores se aprenden cuando se viven
Una conversación, un juego, una canción o una historia compartida pueden parecer pequeños momentos. Sin embargo, son precisamente esos momentos cotidianos los que hacen que los valores cobren vida.
En Padrinos, el respeto, el cuidado, la confianza, la empatía y la alegría no se explican: se experimentan.
Por eso, este programa también contribuye a construir relaciones sanas desde los primeros años y a fortalecer una cultura de cuidado y prevención de la violencia escolar.
Una tradición que sigue pasando de generación en generación
Este año, 9.º y K4 ya vivieron su primer encuentro. Próximamente, los estudiantes de 10.º y 11.º se encontrarán con sus ahijados de K5 y Transición.
Así continúa una tradición que cada año vuelve a recordarnos algo esencial: formar también es ayudar a otros a crecer.
Y quizás por eso Padrinos deja una huella que permanece mucho después de que termina cada encuentro: porque mientras un niño coincide con alguien a quien admirar, un estudiante mayor descubre que también puede ser inspiración para alguien más.
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